Volviamos de nuestro viaje a Oviedo, lucía el sol y por las ventanillas bajadas del coche entraba el olor a mar.
Nos acercamos a la costa. Playa de Poo decía el letrero. La playa aparece abajo de un no muy elevado acantilado. La línea costera dibuja una pequeña bahía de entrada angosta. Unas escaleras comunican las praderas verdes con la playa.

Se oía el mar, la marea estaba baja y el agua apenas lograba penetrar... la arena estaba cubierta por una fina película de celofán brillante...

Un gran espejo ...
sobre el que una pandilla de gaviotas retozaba rompiendo el silencio de la mañana...Me hubiera quedado un tiempo allí...me trajo de recuerdos aquella otra playa... mucho tiempo transcurrido...tengo que volver a levantar piedras y buscar animalillos con los niños a la playa... aunque ahora sean otros niños...estoy segura de que les gustará tanto como a su madre.

Si por el mar todo el cielo era azul, mirando al interior se encapotaba amenazando agua...

Subí las escaleras y miré hacia atrás para despedirme, con el deseo de volver con calma a disfrutar de este lugar...
Un poco más allá LLanes seguía siendo la villa marinera de siempre. Sin el bullicio del turismo era una delicia pasear ...
La llanisca seguía mirando al horizonte por el que deben regresar los hijos que se hicieron a la mar

