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domingo, 3 de enero de 2010

El primer día del año.


El primer día del año 2010 amaneció teñido de tonos rojos en el horizonte, desaparecieron las sombras de la noche cargada de chupinazos, cohetes, fuegos artificiales, alegría a raudales.

Es inexplicable el follón que montamos cuando cambiamos de año. La euforia que nos entra ante las expectativas de un año mejor.

Reconozco que siempre me dejo llevar por esas expectativas, pero hay años como éste que tengo la seguridad de que va a ser un año magnifico, por supuesto en lo que se refiere a mi vida que mis dotes de brujería no dan para más.

A veces te hallas en un buen momento y todas las botellas están medio llenas o llenas del todo. O están vacías pero tienes la seguridad de que se van a llenar.

Es esa energía positiva de la que algunos hablan... lo malo es que no es permanente.



Al poco de amanecer y de que esa luz roja del Este se fuera tornando dorada y el Sol se hiciera visible, en el Oeste aparecía un frente de nubes que presagiaban lluvias. La atmósfera con un sol radiante en el Este y negros nubarrones en el Oeste tenía el hechizo de los contrastes de colores, era irreal.Poco a poco se fué formando el arcoiris más duradero que yo haya visto nunca. Perfecto, una pena que no cabía entero en mi cámara.

Y fué una pena no haberlo previsto y haber cogido la otra cámara para fotografiarlo completo. Ocasión perdida.

Dicen que el arcoiris presagia buenos augurios. Yo estoy segura de ello.



Dicen también que no existe un sólo arcoiris sino muchos. Que cada vez que te mueves de lugar ves un arcoiris diferente. La lluvia comenzó a caer, era la botadura de un nuevo año, también trae buena suerte. Desde dentro de la casa el arcoiris salía del mar.

Compartiendo con vosotros los buenos auspicios de este año.