Hay noticias que te sobrecojen, a veces lees o ves algo en la tele que no va contigo pero que te afecta y notas que el corazón se te arruga que te falta la respiración y que no puedes contener las lágrimas.
Hoy es uno de ellos. No son desgracias familiares, en realidad no son de personas cercanas, no van más allá de la proximidad de las personas que conoces por este medio que es internet. Y sin embargo, lo lees y piensas por qué? por qué a estas personas les toca la lotería de la desgracia y les vuelve a tocar el reintegro una y otra vez. Te sientes ruín y mezquina al no saber valorar lo que tienes, al quejarte de nimiedades o al darle importancia a hechos que no la tienen. Sientes la vergüenza del rico ante el pobre, la vergüenza de tenerlo todo ante el que no tiene nada.
Y te sientes incapaz de pronunciar palabras de consuelo o de esperanza, porque sabes que no la hay porque sabes que sonará vano, hueco... y te gustaría abrazar a esa persona muy fuerte y decirle con el abrazo lo que no eres capaz de pronunciar ni de escribir.
Hace unos días un amigo me dijo, no me digas nada, no tienes que decirme nada, eres mi amiga, sólo tienes que escucharme es lo único que necesito. Es tan poco eso, me siento tan mal, tan impotente...
Ayer yo le repetí estas mismas palabras a una amiga, estoy aquí te escucho, aunque no encuentre palabras que decirte... y hoy? que le digo hoy?













